(FANY)
Me despierto pensando en todo lo que había ocurrido el día anterior. Lo primero que se me viene a la mente es que lo he soñado, pero no, en la mesa de al lado de mi cama, tengo un papel con el número de Álvaro y Dani. ¿Cómo ha podido ocurrir esto? Hace menos de cuarenta y ocho horas estaba llorando porque no iba a poder verles en concierto, y ahora, mi Smiler me ha cogido en brazos dos veces. Era increíble, pero cierto. Entonces es cuando me doy cuenta de que María tiene los ojos abiertos, y no parece haber dormido bien en toda la noche. Probablemente eche de menos a Iker, pero de todas maneras, no dudo ni un instante en preguntarle.
- ¿Qué te pasa? - digo mientras me acerco a su cama - parece que no has dormido nada.
- Es que le echo mucho de menos... ¿Qué estará haciendo ahora? ¿Y si se ha olvidado de mi? - me responde mientras una lágrima le resbala por la mejilla.
- Sabes que no es posible, pero de todas maneras, puedes llamarle, y así le escuchas.
- Después de desayunar lo haré.
- Ven anda, dame un abrazo. Iker estará bien, no te preocupes, sabes que el te quiere con locura.
Nos vestimos y vamos a desayunar abajo. Parece que ya se le va pasando un poco el disgusto que tenía, probablemente, haya sido un bajón puntual. Hoy le llamaremos, sin falta, y verá como no ha pasado nada, todo a sido fruto de su imaginación.
- Fany ¿vas a decirles a tus padres que has conocido a Dani y a Álvaro?
- Sí, quiero que lo sepan. No me dirán nada, confían en mi.
- Está bien, era por si metía la pata.
- ¡¡Mamá, papá, abuela!! ¡¡No os vais a creer con quien estuvimos ayer!!
- Sorprendernos - me contesta mi padre, se nota que no tiene buen despertar.
- ¡¡Con Álvaro y Dani!!
- ¿Con quienes?
- Con el señorito Gango y el señorito Fernandez.
- Sigo sin entenderte hija mía - responde mi madre en tono despectivo - no digas tonterías anda, que es muy temprano.
- Yo sí la entiendo - dice de repente mi abuela - te refieres a los chicos de Auryn ¿me equivoco?
- Eres la mejor abuela, sabía que tu lo adivinarías.
- Por favor mamá, no te creas esas locuras, lo habrá soñado - continúa diciendo mi madre.
- ¡¡No es ninguna tontería!! Ayer cuando estábamos paseando me caí al suelo, me había chocado con Álvaro, y luego, se quedó a cenar, y apareció Dani...
- ¿Seguro que es cierto?
- Sí, mira, aquí están sus teléfonos.
- Joer, pues al final va a ser que tenemos una hija con suerte - comenta mi padre mientras mira los teléfonos - ten cuidado ¿vale? - prosigue despidiéndose ya de mi.
- Y vosotros, id despacio - concluyo yo, mientras les doy un beso y un abrazo.
Ahora, estábamos solas con mi abuela, y lo mejor era que cada día las cosas iban mejor, tanto en mi estado de ánimo, como en nuestra relación con los chicos. Nos veíamos cada jornada, y todo eran risas entre nosotros.
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