Ocultar mis sentimientos cada vez se me hacía más difícil. Era complicado aceptar que estaba enamorada de él. Sobre todo, tenía mucho miedo, por como podía afectar eso a nuestra relación actual. Probablemente, el no sintiese lo mismo, soy una chica muy corriente, demasiado normal, y Álvaro tiene a miles de chicas mucho más guapas que yo a su disposición, jamás me elegiría, pero ya no aguantaba más. Tenía que decirlo, soltar todo lo que llevaba dentro. Al fin y al cabo, si seguía así llegaría un momento en el que ya no podría ni mirarle a la cara. Terminaron de hacer la prueba de sonido, y decidimos ir a comer al campo. Allí tendría tiempo para hablar largo y tendido sobre lo que me ocurría.
- Claro, dime.
- Tengo que confesarte algo.
- ¿Qué te ocurre?
- Nada, es solo que... Jolín, que vergüenza... Verás, es que...
- Me estás asustando, ¿hice algo mal?
- ¡No, para nada! Soy yo... Es que no puedo... Tengo miedo a decirlo.
- Necesito hablar contigo - le digo cuando acabamos de comer agarrándole el brazo.
- Claro, dime.
- Tengo que confesarte algo.
- ¿Qué te ocurre?
- Nada, es solo que... Jolín, que vergüenza... Verás, es que...
- Me estás asustando, ¿hice algo mal?
- ¡No, para nada! Soy yo... Es que no puedo... Tengo miedo a decirlo.
- Quizás no sea para nada lo que yo me estoy imaginando que es, pero yo también necesito decirte algo. Te conozco desde hace un mes, poco tiempo, puede pensar la gente, pero hay que tener en cuenta de que en estos 30 días hemos estado prácticamente las 24 horas del día juntos, y si no digo esto, voy a reventar... Te quiero.
- ¡No te rías de mi! - contesto algo molesta - Es imposible Álvaro, hoy no es el día de los inocentes, déjate de bromas absurdas. Jamás te fijarías en alguien como yo. No tengo nada de especial. Hay miles de chicas que se mueren por tus huesos ahí fuera, que son el doble de guapas que yo, soy toda defectos...
- ¿Defectos?
- Claro. Mira, por ejemplo, el pelo. Siempre está alborotado, y soy incapaz de que se quede mejor. Luego, está mi cara llena de granos, mis ojos, que son enanos, por no hablar ya de mis manos, completamente estropeadas por morderme las uñas. Por todo eso, se que nunca te fijarías en mi, así que por favor, déjate las bromas, porque lo que yo te quería decir era muy serio, y parece que tú te estas riendo de mi.
- Eso a lo que tú les llamas ''defectos'' yo lo llamo sencillez. Claro que hay gente más arreglada que tú por el mundo. Pero ¿sabes su problema? Que no son nada naturales. Tú sonríes, y es algo que te sale, sin más, no por ser falsa, ni dar con el gusto a alguien. Quizás una persona así sea perfecta para una noche, y a la que sabes que a la mañana siguiente ya no va a estar, y probablemente ya no la volverás a ver. No solo te hablo de mujeres, sino también de hombres. Pero tu pelo, tu cara sin maquillaje, y tus uñas mordidas, tu sencillez, hace que me haya enamorado de ti, es lo que te hace especial. Te quiero, no me estoy riendo de ti, te lo prometo, confía en mi - concluyó mientras me cogía la mano y me miraba directamente a los ojos.
Su mirada era sincera, nadie jamás me había dicho algo tan bonito, nunca. Era una locura empezar una relación, quizás no soportase que tantas mujeres estuviesen locas por él, pero me daba igual, le quería y confiaba en él. No me haría daño. Por ello, mi respuesta no se hizo esperar, lo único que le dije fue:
- Yo también te quiero - tras estas palabras, nos fundimos en un beso, el primero para mí, y seguro que el más especial de toda mi vida.
Su mirada era sincera, nadie jamás me había dicho algo tan bonito, nunca. Era una locura empezar una relación, quizás no soportase que tantas mujeres estuviesen locas por él, pero me daba igual, le quería y confiaba en él. No me haría daño. Por ello, mi respuesta no se hizo esperar, lo único que le dije fue:
- Yo también te quiero - tras estas palabras, nos fundimos en un beso, el primero para mí, y seguro que el más especial de toda mi vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario